
Historia, poder y la tentación de cargar culpas en Guerrero
Roberto Santos
Tiene razón el rector Javier Saldaña al advertir que se pretende “cargarle el muertito” a la gobernadora Evelyn Salgado Pineda por un homenaje que no nació de su voluntad política, sino de un calendario cívico heredado y normado desde hace años.
Convertir un acto protocolario en un supuesto agravio que casi lo quieren ver como criminal no solo es una exageración, sino una peligrosa distorsión del debate público, que confunde memoria histórica con revancha política.
Resulta revelador que los mismos grupos que exigieron una disculpa pública a la entonces secretaria de Cultura —y que no se dieron por satisfechos hasta verla fuera del cargo— ahora dirijan sus baterías contra la gobernadora.
La presión escaló del ámbito cultural al político, hasta el extremo de plantear que la mandataria acuda al Congreso a disculparse, como si fuera responsable directa de los claroscuros de la historia guerrerense. Ahí está el abuso y ahí está la razón del rector.
El fondo del asunto no es cultural, sino político. Algunos de los inconformes militan en Morena y parecen usar la coyuntura para sacar raja rumbo a los próximos procesos electorales.
Pero la gobernadora no puede ser juzgada por hechos ocurridos décadas atrás, ni cargar con culpas que corresponden a procesos históricos complejos: la guerrilla, la respuesta del Estado y una etapa dolorosa que sigue generando visiones encontradas.
La historia de Guerrero es incómoda, contradictoria y viva. Hay quienes reivindican el movimiento armado y quienes recuerdan la respuesta del poder tras el secuestro de Rubén Figueroa.
Pretender desaparecer nombres del calendario cívico por decreto moral es tan absurdo como derribar estatuas de Colón y Hernán Cortés para creer que así se corrige el pasado. Borrar símbolos no sana heridas ni construye verdad.
La historia es cultura, y los hechos están ahí para ser estudiados, debatidos y comprendidos, no para ser negados; tampoco para convertirlos en arena política.
Si el calendario cívico debe modificarse, que sea por la vía institucional en el Congreso, como propone el rector de la UAGro, Javier Saldaña, incorporando a luchadores sociales y a las víctimas.
Aprender del pasado es la única forma de no repetirlo; usarlo como arma política, en cambio, solo profundiza la división y aviva la confrontación.
