
Autoridades mexicanas no se han pronunciado tras la muerte de 11 hombres originarios de Nayarit, quienes fallecieron el 16 de febrero en altamar durante tres ataques ejecutados por el Comando Sur de Estados Unidos. La operación, realizada por la Fuerza de Tarea Conjunta Southern Spear, dejó un saldo de once mexicanos muertos en el Pacífico oriental y el Caribe, sin bajas estadounidenses. El mando militar no reveló identidades, coordenadas exactas ni detalles sobre posibles advertencias previas.
En México, familiares y comunidades de la zona costera entre Bahía de Banderas y Cabo Corrientes realizaron misas y homenajes simbólicos ante la imposibilidad de recuperar los cuerpos. Las víctimas fueron identificadas localmente como marineros de La Cruz de Huanacaxtle.
Hasta el momento, la Secretaría de Relaciones Exteriores y los gobiernos estatales no han informado si recibieron notificación oficial ni si brindarán apoyo consular. El Comando Sur señaló que las embarcaciones estaban ligadas a organizaciones designadas como terroristas, lo que, bajo su marco legal, permite el uso de fuerza letal. Las familias exigen claridad sobre lo ocurrido en medio de una cooperación bilateral que, en este caso, aparenta no haber contado con intervención pública de autoridades mexicanas.
