
CIUDAD DE MÉXICO — El caso del ex atleta olímpico canadiense Ryan Wedding se ha convertido en un espejo de las tensiones entre narrativas oficiales y evidencias verificables, poniendo en entredicho no solo la versión del Gobierno mexicano, sino la calidad de la comunicación pública ejercida por la Presidencia de la República.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido de manera reiterada que Wedding se entregó “por su propio pie” en la Embajada de Estados Unidos en México, presentando una imagen como prueba de esa entrega voluntaria y subrayando que no hubo operativos conjuntos entre fuerzas mexicanas y estadounidenses.
Sin embargo, mientras la mandataria busca consolidar su versión, la narrativa oficial se resquebraja por múltiples frentes:
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Versión de la defensa: El abogado de Wedding, Anthony Colombo, aseguró categóricamente que su cliente no se entregó voluntariamente, sino que fue arrestado y aprehendido, rechazando cualquier giro que el gobierno mexicano haya tratado de dar a los hechos.
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Versiones internacionales y de agencias estadounidenses apuntan a la existencia de un operativo o, al menos, participación de fuerzas de seguridad en la detención, lo que contrasta con la insistencia oficial de que no hubo acciones de ese tipo en territorio mexicano.
La foto de la discordia: ¿prueba o pantomima?
El punto álgido de la polémica ha sido la fotografía exhibida por Sheinbaum para sostener la teoría de entrega voluntaria. El medio canadiense CBC News concluyó que la imagen fue generada mediante inteligencia artificial y difundida desde una cuenta de Instagram que no ha podido acreditar relación alguna con Wedding.
Los análisis técnicos de CBC apuntan a inconsistencias visuales —como letras distorsionadas en la gorra del sujeto y la representación de un edificio de la embajada que ya no corresponde con la realidad física— que son señales típicas de contenido creado con IA.
A pesar de esto, la Presidencia niega que la fotografía sea generada artificialmente, basándose en la ausencia de etiquetas de IA en la publicación original y en un post del embajador de Estados Unidos que también se afirma respalda la entrega voluntaria.
Comunicación oficial y riesgos de credibilidad
Este episodio no es una simple divergencia de versiones sobre un procedimiento de justicia internacional: es un desafío directo a la credibilidad institucional y a la gestión de comunicaciones gubernamentales.
Que un medio independiente determine que una imagen usada en una conferencia de prensa oficial puede ser producto de inteligencia artificial debería ser motivo de reflexión profunda para cualquier gobierno que busca proyectar transparencia y veracidad. El uso de material no verificado en una rueda de prensa presidencial no solo alimenta la desinformación, sino que refuerza la percepción de improvisación comunicativa y de una narrativa más preocupada por la percepción pública que por los hechos concretos y comprobables.
Conclusión: entre la política y la percepción pública
Mientras Wedding enfrenta cargos graves en Estados Unidos —incluyendo narcotráfico y homicidio— y se declara no culpable, el debate en México se ha centrado menos en los aspectos de justicia penal y más en el control del relato político. La insistencia en una versión cuestionada por abogados, agencias internacionales y análisis técnicos revela que, en el entorno de la política moderna, la gestión de la información puede volverse más relevante que la información misma.
El caso Wedding, más allá de su impacto individual, puede ser emblemático de una era donde la verificación factual y la autoridad comunicativa chocan, y donde una fotografía, aunque falsa o generada digitalmente, puede tener un efecto tan poderoso como cualquier declaración oficial.
