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Millones para Cuba, desempleo para mexicanos

Roberto Santos

Pocas políticas públicas exhiben con tanta crudeza la contradicción del gobierno mexicano como la contratación de médicos cubanos.

 

Mientras el discurso oficial se envuelve en banderas de soberanía, justicia social y defensa del trabajador, en los hechos el Estado mexicano paga millones de pesos a un régimen extranjero que mantiene a sus profesionales de la salud bajo un esquema que organismos internacionales han calificado como explotación laboral.

 

De acuerdo con Emeequis, durante 2025, el gobierno de México, a través del IMSS Bienestar, pagó 2 mil 004 millones de pesos para cubrir alimentación, transporte y hospedaje de médicos cubanos desplegados en distintas regiones del país.

 

Todo ello mientras miles de médicos mexicanos permanecen desempleados, subempleados o con salarios que no se comparan, ni de lejos, con los beneficios indirectos otorgados a los enviados por la dictadura castrista.

 

La paradoja es ofensiva, porque México paga, Cuba cobra y el médico cubano recibe apenas una fracción de ese dinero. El resto va directo a las arcas del régimen.

 

No se trata de cooperación internacional, sino de un negocio político donde el trabajador es mercancía y el discurso humanitario sirve de coartada. Y mientras tanto, el médico mexicano es marginado, desplazado y condenado a la precariedad.

 

Más grave aún resulta saber por diversos informes periodísticos que no todos los enviados son médicos, y que entre ellos hay operadores políticos y agentes de inteligencia que responden directamente a su gobierno. Es decir, México no sólo paga por servicios médicos, sino que financia la estructura de control de un régimen autoritario que esclaviza a su propio personal.

 

El derroche alcanza niveles obscenos. De acuerdo a informes periodísticos, los contratos adjudicados a empresas como Pigudi Gastronómico S.A. de C.V., Comercializadora de la Península del Mayab S.A. de C.V., Galbher S.A. de C.V. y BC CAP Development S. de R.L. de C.V. contemplan hospedajes de entre mil 550 y 2 mil 100 pesos por noche, alimentación diaria de hasta mil 800 pesos por persona y transporte permanente.

 

Imagínese pagar mil 500 pesos la noche en municipios como Metlatónoc o Atlamajalcingo del Monte, en hoteles de 5 estrellas, y tener 1800 para comer en un Vips de Cochoapa el Grande, mientras un médico mexicano jamás tendría acceso a esas condiciones.

 

Entonces: ¿de verdad no habría médicos mexicanos dispuestos a cubrir esas plazas si se les ofreciera ese trato? ¿De verdad el problema es la falta de vocación, o es la decisión política de privilegiar un acuerdo ideológico por encima del interés nacional?

 

Pigudi Gastronómico, por ejemplo, se consolidó como principal proveedor en siete estados, con contratos que superan los mil 235 millones de pesos, más de 106 millones en garantías de cumplimiento. Todo bajo el argumento de garantizar atención médica en regiones marginadas.

 

Pero la marginación no se combate sustituyendo a los trabajadores nacionales, sino fortaleciendo sus condiciones laborales.

 

El gobierno mexicano presume humanismo, pero actúa con cinismo. Es generoso con el régimen cubano y mezquino con sus propios profesionales. Candil de la calle, oscuridad de la casa. Solidaridad internacional para la foto, precariedad nacional para la realidad.

 

Sin embargo, no se trata de médicos cubanos contra médicos mexicanos. Se trata de un gobierno que prefiere pagar millones a una dictadura extranjera, antes que dignificar el trabajo de su propia gente.

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