Por ; Roberto Santos
La política tiene una vieja costumbre: quienes llegan al poder prometiendo derribar los viejos vicios suelen terminar administrándolos.
La izquierda no ha sido la excepción. Criticó el dedazo, combatió las imposiciones y denunció el presidencialismo. Hoy, reproduce esas mismas prácticas.
Los revolucionarios descubren el placer adictivo de gobernar, por lo que después se aferran a conservar el poder.
Y, cuando eso ocurre, dejan de ser revolucionarios para convertirse en conservadores.
Cuba, Venezuela y Nicaragua son ejemplos extremos. México parece recorrer una versión más discreta, pero no muy distinta.
Por eso, si Morena termina imponiendo a su candidata en Guerrero, nadie debería sorprenderse.
Sería apenas otro episodio de una historia conocida.
Las encuestas se anuncian como el método democrático, pero a veces funcionan más como un trámite que como un criterio definitivo.
Desde hace semanas circula la versión de que Estela Damián podría convertirse en la coordinadora de la Defensa de la Transformación en Guerrero, aun cuando las encuestas no le favorezcan.
Si eso ocurre, quedará claro que el verdadero sondeo no se levantó entre la militancia, sino en las oficinas de la presidenta Sheinbaum, donde realmente se toman las decisiones.
Y es que, para algunos morenistas, el nombramiento del diputado federal Jesús Irugami Perea Cruz como delegado político del CEN de Morena en Guerrero tiene un solo propósito.
Aunque, oficialmente su misión es recorrer el estado, dialogar con los aspirantes y preservar la unidad, se cree que la misión política es otra: administrar los inconformes antes de que llegue la decisión final.
Es decir, preparar el terreno para que la eventual imposición sea aceptada sin sobresaltos.
Así, para algunos morenistas, comienza a escribirse la crónica de una imposición anunciada.
La experiencia demuestra que pueden hacerlo sin ningún problema. Ahora bien, queda la duda sid los demás aspirantes aceptarán disciplinarse o algunos decidirán levantar sus canicas y buscar refugio en otro proyecto político.
Sabemos que la unidad dura mientras todos creen tener posibilidades. Cuando alguien siente que la competencia terminó antes de empezar, las lealtades cambian de rumbo.
Guerrero será una prueba para Morena. Si la decisión coincide con las encuestas, el partido podrá presumir democracia interna y logrará unidad.
Si no, confirmará lo que durante años señaló de sus adversarios: que el poder consulta… pero al final, decide un dedo.
Una confirmación más de los rasgos autoritarios que sus críticos han venido señalando.
