Por : Roberto Santos
La sucesión en Guerrero ya entró en esa fase que en las carreras llaman el sprint final, un tramo donde todos aceleran, se empujan, se bloquean y, si es necesario, hasta se meten el pie con tal de llegar primero a la meta, que este caso es la encuesta de junio.
En Morena, aunque nadie quiere admitirlo públicamente, la contienda comienza a cerrarse.
Por un lado aparece la senadora Beatriz Mojica, quien acaba de lanzar una frase que parece diseñada para sobrevivir al nuevo clima político del obradorismo tardío y del sheinbaumismo naciente: “Estoy limpia”.
Su declaración representa una clara definición política.
Todo porque el país ha entrado a esa ruta donde será cada vez más complicado separar la política del expediente judicial, y eso la senadora Bety Mojica lo entendió rápido; es decir, sabe que rumbo a 2027 ya no bastará con presumirse obradorista, morenista o defensora de la Cuarta Transformación.
Ahora habrá que acreditar algo más complejo, no cargar sospechas ni ser señalado por nadie de vínculos con intereses oscuros.
Tampoco estar en videos con personajes de mala reputación y menos estar en listas de EU.
Justo ahí es donde la frase conecta perfectamente con la advertencia lanzada por la presidenta Claudia Sheinbaum:
“Nadie, ninguna persona que no sea honesta, que no sea honrada, puede esconderse bajo el halo de la transformación del pueblo de México”.
La frase cayó como una especie de auditoría moral preventiva dentro de Morena.
Porque la presidenta sabe que el verdadero desgaste del movimiento ya no viene de la oposición —que en muchos estados sigue extraviada— sino de las contradicciones internas, de los cacicazgos reciclados y de los personajes que durante años encontraron refugio político bajo las siglas guindas, con total libertad para hacer y deshacer a su antojo.
Esto para algunos se ha acabando, como el gobernador de Sinaloa y los presidentes municipales detenidos ayer en Morelos.
En Guerrero, el otro gran protagonista de la sucesión, Félix Salgado Macedonio, insiste en mantenerse vivo políticamente con su clásico “no me encarto ni me descarto”, aunque parece evidente que la dirigencia nacional y la presidenta CSP estrecha el cerco para excluirlo definitivamente.
El problema para el llamado “Toro” no es solamente el debate sobre nepotismo.
El verdadero problema es que el ambiente político nacional cambió.
Y en ese nuevo contexto, Morena necesita candidatos que no obliguen a la dirigencia a pasar medio día explicando escándalos y la otra mitad apagando incendios mediáticos.
Mientras tanto, Estela Damián tampoco se ha bajado de la carrera. Al contrario: se mueve, opera y espera.
Sabe que en las sucesiones de Morena muchas veces gana quien resiste más tiempo sin desgastarse antes del último tramo.
Por eso la competencia empieza a parecer menos una carrera multitudinaria y más un duelo de resistencia entre Mojica y Estela Damián, mientras otros aspirantes observan cómo el terreno se reduce.
En medio de todo eso está la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, sosteniendo la estabilidad política y la gobernabilidad de uno de los estados más complejos del país.
Y quizá ahí se encuentra la parte más delicada de toda esta historia.
Porque conforme se acerque el final del sexenio estatal, las presiones sobre Evelyn Salgado inevitablemente aumentarán.
Así funciona Guerrero. Las sucesiones rara vez son procesos tersos; suelen convertirse en disputas donde distintos grupos intentan debilitar al gobierno saliente para negociar mejor el reparto del poder.
Comenzarán entonces las filtraciones, los fuegos amigos, los rumores, las operaciones mediáticas y los intentos por erosionar la capacidad de control político de la gobernadora.
Nada nuevo en la vieja tradición priista que Morena prometió desterrar, aunque a veces parece haber heredado intacta.
Por eso la frase de Mojica —“estoy limpia”— podría terminar siendo mucho más que un eslogan de campaña.
Podría convertirse en el nuevo requisito de supervivencia dentro de Morena.
