México crece, pero el bolsillo no respira: PIB avanza y la inflación vuelve a repuntar

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*El Gobierno puede presumir un crecimiento económico superior al promedio de la OCDE, pero el dato positivo enfrenta una realidad incómoda: los precios volvieron a acelerar y alimentos básicos como el huevo y la cebolla registraron fuertes aumentos.

Ciudad de México, 25 de agosto de 2026.— Las cifras económicas ofrecen al Gobierno de Claudia Sheinbaum un motivo para presumir, pero también una razón para mantener la cautela.

México registró un crecimiento de 1.4 por ciento en el segundo trimestre de 2026 respecto al trimestre anterior, de acuerdo con el dato revisado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La cifra colocó al país entre las economías con mayor crecimiento de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), cuyo promedio fue de apenas 0.5 por ciento.

La OCDE había reportado inicialmente un avance de 1.5 por ciento para México, pero el dato fue revisado posteriormente por el INEGI a 1.4 por ciento. En términos anuales, la economía mexicana creció 2.1 por ciento durante el segundo trimestre.

Hasta ahí, las noticias parecen positivas.

El problema aparece cuando la estadística macroeconómica se contrasta con la economía de los hogares.

Mientras el PIB avanzó, la inflación volvió a tomar fuerza. Durante la primera quincena de agosto, el Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó 0.10 por ciento y la inflación anual llegó a 3.26 por ciento, frente al 3.10 por ciento registrado en julio. Con ello, se rompió la tendencia de desaceleración observada durante los meses anteriores.

Y no se trata solamente de una cifra abstracta.

Entre los productos que más presionaron los precios estuvieron algunos alimentos de consumo cotidiano. En la primera mitad de agosto, el huevo aumentó 7.92 por ciento y la cebolla 19.03 por ciento, de acuerdo con los datos del INEGI difundidos por La Jornada.

Crecimiento sí, pero ¿para quién?

El dato de crecimiento merece reconocimiento: México avanzó más que el promedio de la OCDE y fue la economía más dinámica de América Latina dentro del organismo durante el segundo trimestre, por encima de Colombia y Costa Rica.

Pero utilizar ese indicador como prueba suficiente de que la economía marcha bien sería, cuando menos, incompleto.

El crecimiento del PIB mide la producción total de bienes y servicios; no significa automáticamente que las familias tengan más dinero disponible, que los salarios estén creciendo por encima de los precios o que la canasta básica sea más accesible.

Ahí está la contradicción que debería ocupar buena parte del debate económico: México puede producir más y, al mismo tiempo, los hogares pueden sentir que su dinero alcanza para menos.

La inversión también muestra señales mixtas

Otro elemento que obliga a matizar el discurso triunfalista es la inversión extranjera.

México registró una cifra histórica de inversión extranjera directa durante el primer semestre de 2026, con 34 mil 968 millones de dólares. Sin embargo, casi 90 por ciento correspondió a reinversión de utilidades, mientras que las nuevas inversiones disminuyeron 42 por ciento, hasta 2 mil 726 millones de dólares.

Es decir, el monto global luce extraordinario, pero detrás de la cifra existe una señal que no puede ignorarse: están llegando menos recursos nuevos para instalar o ampliar proyectos desde cero.

El verdadero reto está en convertir crecimiento en bienestar

El panorama económico de México, por lo tanto, es menos sencillo de lo que sugieren los titulares.

Sí, la economía creció.

Sí, el avance fue superior al promedio de la OCDE.

Sí, México mantiene indicadores favorables en algunos sectores.

Pero también es cierto que la inflación volvió a repuntar, los alimentos básicos están encareciéndose y las nuevas inversiones extranjeras muestran debilidad.

La pregunta de fondo no debería ser solamente cuánto creció el PIB, sino qué tanto de ese crecimiento llega realmente al bolsillo de los mexicanos.

Porque para una familia que enfrenta aumentos en alimentos, vivienda, educación y otros gastos cotidianos, un crecimiento de 1.4 por ciento puede parecer una buena noticia en las estadísticas, pero no necesariamente se traduce en una mejor calidad de vida.

El desafío para el Gobierno no es solamente hacer crecer la economía en los indicadores macroeconómicos, sino conseguir que ese crecimiento se convierta en empleos, mejores ingresos y mayor poder adquisitivo.

De lo contrario, México podría terminar celebrando cifras positivas en los informes económicos mientras buena parte de la población continúa haciendo cuentas para llegar a fin de mes.

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